Semifinales: Alemania - España
Tras un partido agónico contra Paraguay nos enfrentamos en semifinales contra la temida Alemania, la mejor selección del mundial hasta el momento. El partido no podía tener más morbo: Alemania, la mejor hasta el momento y subcampeona de Europa contra España, la campeona de Europa. Y encima ver el partido en Alemania… Así que nos juntamos todo el grupo de estudiantes españoles, más otros españoles que viven en Darmstadt y fuimos a ver el partido en plena boca del lobo: En la plaza central de Darmstadt (Marktplatz) en la que durante todo el mundial han dispuesto dos pantallas gigantes. Por supuesto estábamos rodeados de una multitud de cientos y cientos de alemanes.
Lejos de haber problemas entre ambas aficiones, el comportamiento no pudo ser más ejemplar. Los españoles, a pesar de ser claramente minoría hacíamos más ruido que los alemanes, cosa que les dolía en el alma y respondían cantando aun más fuerte. El ambiente fue sencillamente espectacular. Se me ponía la piel de gallina cuando Alemania sacaba un córner y todos gritaban como si estuvieran seguros de que iban a meter gol.
El momento mágico de la noche llegó cuando Puyol metió ese golazo de cabeza que suponía el 1-0. Entonces toda la plaza se quedó callada excepto el grupo de españoles que estábamos en mitad de la plaza y que nos pusimos a saltar y gritar como posesos. Fue algo apoteósico.
Al acabar el partido, más de lo mismo. Los alemanes se retiraron de la plaza, resignados ante una España muy superior, mientras los que estábamos por allí no parábamos de celebrar. Joaquim Löw, seleccionador alemán aparecía en las pantallas de televisión quitándose el sombrero ante el juego de España. Los comentaristas deportivos se rendían en elogios.
Entre tanto había varios periodistas tomándonos fotos. Fotos que hoy (día siguiente al partido) han aparecido publicadas en los periódicos locales de Darmstadt y alrededores.
Lo que sin duda me parece tremendamente admirable es el civismo y caballerosidad de los alemanes. No sólo no tuvimos ningún problema en la plaza pese a estar hombro con hombro, sino que además diría que los alemanes disfrutaron del ambiente tanto como nosotros y en cierto modo disfrutaron con esa rivalidad que creamos cantando más fuerte. Obviamente ningún español trató de provocar, simplemente de disfrutar de la fiesta, que es de lo que se trataba pues no es más que un juego al fin y al cabo. Al final del partido se fueron cabizbajos y resignados ante una España muy superior, y muchos (y digo muchos) no dudaron en felicitarnos por las calles. Nos paraban, nos hablaban, nos decían “enhorabuena” y que deseaban que España ganase el Mundial. Realmente la mayoría así lo quiere. Si algo me ha quedado claro durante estos 10 meses que llevo aquí es que a los alemanes les encanta España y, como dice la siguiente canción que hicieron expresamente para el partido, somos como su segunda patria.
Y es que en este país se respira respeto como en pocos sitios. En este país se puede ir a animar a España aun cuando está echando del mundial a la selección nacional y acabar encima haciendo amigos. Esta mañana al ir a la universidad he visto un coche con una bandera española cubriendo todo el capó, y otras dos en los laterales. Me pregunto qué le hubiera pasado a ese coche en la situación inversa, es decir, con la bandera alemana en territorio español después de haber caído en la semifinal de un mundial. Nada bueno seguro. Pero no sólo en España: en Inglaterra sin ir más lejos sería impensable siquiera ponerte una camiseta roja.

Detalles de la noche mágica y del día siguiente hay muchos. Desde un alemán que nos felicita en un perfecto español en el autobús hasta una anciana que me pregunta en el supermercado si soy español y me felicita. Mi compañero de piso indio, que no sabe ni qué es fuera de juego, dice que se vio obligado a ver el partido completo porque nunca había visto a nadie jugar tan bien al fútbol. Según dijo expresamente “los españoles hacían maravillas con la pelota”.
Sin duda una noche memorable, de las que disfrutamos todos como niños. Y es que le pese a quien le pese, no hay en España ni una sola cosa que nos una tanto como la Selección Española. Podría decirse que no hay ni tan siquiera un sólo motivo que nos haga a tanta gente feliz al mismo tiempo, seas andaluz, catalán, madrileño, gallego, vasco, canario o vivas en la otra parte del mundo. Cuesta encontrar a lo largo de la historia de este país un momento en que millones de personas, al mismo tiempo, por el mismo motivo y en todas partes salgan a las calles a celebrar.
Ayer y durante todo el mundial, millones de personas olvidan sus problemas y simplemente se alegran porque gana la selección. Esa es la magia del fútbol.




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